Lecciones de vida que aprendí en Cuba

Por Rev. Dr. Rini Hernandez | FLUMC

Rev. Dr. Rini Hernandez

En la Noche de Año Nuevo de 1959, el dictador Fulgencio Batista Zaldívar abandona Cuba, delegando el poder a Fidel Castro y sus soldados rebeldes, quienes habían estado combatiendo en las montañas de la Sierra Maestra, en el oriente de Cuba por algo más de dos años.

Batista había accedido al poder a través de un sangriento golpe de estado que se produjo en 1952, y gobernó Cuba con mano de hierro durante siete años de gobierno militar. Una gran mayoría de los cubanos estaban entonces de acuerdo en que se hacía necesaria una transición de nuevo hacia la democracia. Los ideales revolucionarios en aquellos días incluían la restauración de la Constitución de 1940, la más progresista que se había producido en la historia de Cuba; el retorno al orden democrático a través de una convocatoria a elecciones libres y prestar una mayor atención a la justicia social. Todos los segmentos de la sociedad cubana apoyaron el proyecto de sociedad propuesto por Fidel: la alta burguesía, los intelectuales, las clases más pobres, los estudiantes e incluso la Iglesia. Pero dichos ideales nunca llegaron a concretarse.

Durante los años 1959 y 1960 Fidel Castro se mantuvo diciéndole al pueblo cubano que él no era comunista y que la Revolución era “más verde que las palmas”. Entonces, 3 de Enero de 1960 el Presidente Dwight D. Eisenhower rompió las relaciones diplomáticas que los Estados Unidos habían tenido con Cuba desde 1902. Esa fue, en mi opinión, la decisión errónea que abrió la puerta para que “la otra superpotencia”, la Unión Soviética comenzara a influenciar al recientemente constituido Gobierno Revolucionario y se impusiera la ideología Marxista-Leninista, una concepción ideológica y filosófica materialista y atea, como el marco de referencia para el proyecto social cubano. El 16 de Abril de 1961 Fidel Castro proclamó “el carácter socialista de la Revolución” y declaró que él había sido Marxista-Leninista desde sus años universitarios, en los años de su lucha armada e incluso después del triunfo de su Movimiento 26 de Julio, pero que lo había estado escondiendo “por razones estratégicas”.

Este nuevo derrotero tuvo muchas repercusiones en la vida del cubano común, como mi familia y yo. La Historia y la Ciencia fueron re-escritas desde una perspectiva materialista dialéctica y nuestros libros de texto en las escuelas en Cuba comenzaron a combatir la existencia de Dios, la participación de Dios en el origen de la vida y todas las enseñanzas del cristianismo. Por 467 años Cuba había sido una colonia española donde la enseñanza cristiana era parte de la vida nacional en nuestra isla caribeña. Todo esto cambió en forma radical.

Los niños y niñas de Enseñanza Primaria como yo en ese tiempo fuimos forzados a jurar fidelidad a la Revolución y a renunciar a todas nuestras “concepciones idealistas”. Se nos dijo que llamar a alguien “Señor” era una “costumbre burguesa” (un rezago del pasado) y que ahora debíamos usar el apelativo “Compañero”. El gobierno cubano comenzó a implementar actividades alternativas los domingos por las mañanas (el Plan de la Calle), especialmente diseñados para los niños y niñas, con el propósito de desestimular a las personas de asistir a las iglesias.

Algunos informantes del gobierno fueron emplazados en las esquinas de las iglesias para luego reportarle a sus superiores quiénes en su pueblo o ciudad asistían a la iglesia. Muchos cristianos cubanos volvían a sus trabajos los lunes por la mañana y allí se enteraban que habían sido despedidos. Los cristianos/nas en centros de trabajo no eran considerados para ningún tipo de promociones o posiciones de responsabilidad por no ser considerados “confiables”.

Los/as estudiantes cristianos/nas en las Escuelas Secundarias e Institutos Pre-Universitarios fueron sometidos a presiones para renunciar a su fe y amenazados con ser expulsados de la escuela y/o no tener acceso a la Educación Superior. La consigna de los comunistas era: “La universidad es para los revolucionarios”.

Metodistas cubanos adoran juntos.

Muchos de nuestros Pastores cubanos y algunos líderes laicos fueron enviados a la UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) entre los años 1965 y 1968, un nombre eufemístico para describir esos campos de trabajos agrícolas forzados diseñados para objetores de conciencia, homosexuales, enemigos políticos de la Revolución y cristianos. El conocido escritor cubano Norberto Fuentes en su libro impreso en Barcelona en 1999, llamado “Dulces Guerreros Cubanos” estimó que en la UMAP hubo unos 35,000 reclusos, de los cuales 507 terminaron en hospitales psiquiátricos, 72 murieron por torturas y 180 cometieron suicidio (pág. 300-303). Fuentes les llamó los “Dulces Guerreros Cubanos” en alusión a su trabajo en los campos de caña de azúcar durante 10-12 horas por día.

La Iglesia Metodista en Cuba comenzó en 1883 en la habitación de un hotel en La Habana. Los primeros misioneros que fueron enviados a la isla fueron enviados por Iglesias Metodistas locales en Tampa y Cayo Hueso. Enrique Benito Someillán y Aurelio Silvera fueron enviados de Cayo Hueso a La Habana para explorar primero, y más tarde comenzar una congregación metodista en el Hotel Saratoga. Estos hombres eran cubanos que habían abandonado Cuba por causa de su militancia política en los movimientos nacionalistas que luchaban por la independencia de la corona española. Fue en Tampa y Cayo Hueso donde ellos encontraron a Jesucristo y se convirtieron en miembros, líderes activos y predicadores laicos de la Iglesia Metodista. Inmediatamente sintieron el llamado de Dios de volver a Cuba para compartir con el pueblo cubano la fe que ellos recién habían encontrado.

Más tarde, en 1898, al final de la Guerra Hispano-Americana el entonces Obispo Metodista Warren Akin Candler fue a visitar a Cuba junto con un grupo de líderes de Georgia y la Florida. Esto marcó el comienzo del involucramiento misionero de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur en nuestra nación isleña.

En 1959 había 120 Iglesias Metodistas en Cuba, Más de 50 misioneros norteamericanos servían en Cuba principalmente como pastores o educadores. También había unos 70 nacionales cubanos sirviendo en el ministerio pastoral. Los récords indican que la Iglesia tenía cerca de 10,000 miembros en ese momento. Además de los templos, había varios dispensarios médicos que eran manejados por la Iglesia Metodista, muchas escuelas primarias, un orfanato, una Escuela Vocacional – la Escuela Agrícola e Industrial en Playa Manteca, en la provincia de Oriente; varios colegios como el Colegio Metodista Central en La Habana, el Colegio Buenavista (también en La Habana); Irene Toland en Matanzas; Elisa Bowman en Cienfuegos; y Pinson en Camagüey, entre otros. Y por supuesto estaba el Colegio Candler en La Habana que llegó a ser la institución educacional metodista más prestigiosa en la isla. En 1959 el Colegio Candler obtuvo la acreditación del Ministerio de Educación de la República de Cuba para convertirse en la Universidad Candler.

Durante los primeros 59 años del Siglo XX la Iglesia Metodista Cubana transicionó de ser totalmente parte de la Conferencia Anual de la Florida, a ser una Conferencia Misionera, Conferencia Provisional y finalmente Conferencia Anual Autónoma Afiliada en 1968. Después de la ruptura de relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y Cuba, todos los misioneros norteamericanos fueron traídos de regreso a los Estados Unidos. Ningún contacto era posible entre las Conferencias de la Florida y Cuba. Las operaciones financieras entre la Iglesia Metodista Unida y la Iglesia Metodista en Cuba fueron completamente prohibidas y la Iglesia Metodista en Cuba tuvo que alcanzar sostenimiento propio en cuestión de meses. La autonomía fue básicamente un proceso desencadenado por la situación política entre los dos países. Además de estar bajo las presiones y persecuciones del gobierno, los metodistas en Cuba también tuvimos que llevar el estigma de ser considerados “una Iglesia pro-norteamericana”, una Iglesia que había llegado a Cuba y había sido sostenida financieramente por los norteamericanos por muchos años, lo que automáticamente nos hizo muy sospechosos a sus ojos.

La Academia de Ciencias de Cuba hizo entonces una predicción de que para el año 1979 el cristianismo habría sido totalmente erradicado de Cuba. ¡Bueno, Dios tenía otra idea en mente!

En los años 70 el fuego de avivamiento comenzó a revitalizar la vida y la misión de la Iglesia Metodista en Cuba. Después de algunas sesiones de la Conferencia Anual, nos quedábamos celebrando vigilias de oración durante toda la noche donde el Espíritu Santo comenzó a obrar sanidades milagrosas y a repartir dones espirituales entre el pueblo de Dios. Perdimos todo el temor a las posibles repercusiones y nos comprometimos a compartir las buenas nuevas de Jesucristo con todo el pueblo cubano, una vida a la vez. El fuego del Espíritu Santo fue repartido a todas nuestras iglesias locales, en los campamentos de jóvenes y en casi todos los eventos en nuestra vida como Iglesia.

Estos fueron los orígenes de lo que hoy vemos: la Iglesia Metodista en Cuba ha crecido hasta llegar a tener más de 40,000 miembros y unas 400 congregaciones adorando al Señor. ¡Gloria a Dios!

Lecciones de vida que aprendí en Cuba

  1. La misión de Dios debe ser siempre nuestra prioridad, no importa quién tenga el poder político o económico. En estos días posteriores al anuncio de la muerte de Fidel Castro, un texto bíblico ha venido a mi mente en múltiples ocasiones: Juan 1:5, “La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella”. Es en medio de las tinieblas cuando la luz es más necesaria. La luz de Cristo se mantuvo viva en Cuba, no importa cuántos intentos hubo de extinguirla. La misión de Dios siguió adelante bajo las más difíciles circunstancias. Pero una fe profunda y la seguridad de que lo mejor aún estaba por venir para nosotros fue lo que nos ayudó a mantenernos enfocados en hacer discípulos. Uno podrá ser dejado fuera del poder, verse impotente de acuerdo a todos los conceptos humanos y aún tener poder por medio del Espíritu del Dios vivo. ¡La misión de Dios en el mundo continúa estando viva y activa, y con toda seguridad también en Cuba!
     
  2. Lo que otros diseñaron para nuestro mal, Dios lo puede convertir en un bien para Su pueblo: En Génesis 50:20, José le dijo a sus hermanos: “Vosotros pensasteis mal contra mi, mas Dios lo encaminó a bien para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo”. Muchas estrategias diseñadas contra los/as cristianos/nas nos hicieron más fuertes, más comprometidos y más apasionados para compartir a Cristo con otros. En los años 90 adoptamos en Cuba el lema: “Cuba para Cristo”. Fue en parte una declaración de nuestro propósito, y fue en parte un acto de desafío a las políticas fallidas del gobierno cubano para tratar de extinguir el cristianismo. Aún el más perverso de los planes puede ser transformado por el poder de Dios en una oportunidad para crecer y alcanzar metas de Reino.
     
  3. ¡Nunca subestime el poder de la oración! Lo que vemos que está ocurriendo hoy en la Iglesia Cubana fue reclamado y conseguido a través de mucha oración y súplica: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”, Filipenses 4:6. Pudimos soportar y superar tantas cosas porque a través de la oración recibimos la fuerza, el poder, la sabiduría y la visión para seguir adelante.
     
  4. Confíe en los recursos ilimitados de Dios: Dios aún está haciendo milagros con cinco panes y dos peces. ¡Soy testigo de esta verdad! Teníamos recursos financieros muy limitados para el ministerio de la Iglesia en Cuba. Pero siempre tuvimos lo suficiente para llevar adelante la misión de Dios. En nuestra cultura aquí en los Estados Unidos, las finanzas se han convertido en un factor fundamental en el cumplimiento de la misión de Dios. No nos arriesgamos a hacer ciertas cosas si no tenemos suficiente dinero en el presupuesto y edificios bien cómodos para hacerlo. En Cuba, el valor más importante era el de los recursos humanos, la gente que estaba dispuesta a servir a cambio de muy poco o de nada, que aún estaban dispuestos a ofrecer sus vidas por la causa de Dios y de su Reino. Comenzamos muchos proyectos por fe, como el Campamento Canaán, lo recuerdo muy bien. Nos involucramos en este inmenso proyecto sin tener todos los recursos financieros en la mano, sin tener todos los materiales de construcción que necesitábamos y sin tener los permisos del gobierno para hacerlo. ¡Todos ustedes que han visitado el Campamento Canaán saben de lo que se ha logrado allí – el más grande campamento cristiano que existe en Cuba! Muchas iglesias fueron comenzadas en hogares, en un tiempo cuando el gobierno no estaba contento con el concepto de las “casas-culto”, y cuando no había ninguna posibilidad de recibir permiso del gobierno para un proyecto de construcción relacionado con un Templo. Hoy muchas de esas casas-culto han logrado construir templos o comprar propiedades y adaptarlas para servir como templos. ¡Los recursos ilimitados de Dios fueron provistos para cumplir Su misión!
     
  5. El llamado al ministerio pastoral se hace evidente cuando producimos profesiones de fe o vidas reconciliadas con Cristo: Una mañana de domingo durante un Servicio Dominical de Adoración en 1997 prediqué sobre el llamado de Dios al ministerio pastoral e hice un llamamiento al altar en el que 56 personas vinieron al frente expresando el deseo de servir a Dios como pastores/pastoras. Oré por ellos y los invité a venir a una reunión conmigo en la Iglesia el próximo jueves por la noche. En dicha reunión les expliqué con mayor detalle y profundidad lo que significaba el llamamiento al ministerio pastoral y algunas de los requerimientos para responder a ese llamado. Algunos de ellos reconocieron que aún necesitaban completar algunos de esos requerimientos, o que este no era el momento apropiado en sus vidas para seguir adelante con este llamado. Pero más de 40 estaban listos. A ellos/ellas les ofrecimos un curso básico de entrenamiento en habilidades y herramientas para el ministerio pastoral, y al final del curso les dimos un certificado como misioneros laicos. Entonces los retamos a ir a un barrio, un pueblo o una ciudad donde aún no hubiera una iglesia cristiana y que comenzaran por hacer contactos con personas, para luego invitarlas a una reunión de oración o un estudio bíblico en un hogar, tratando de formar una congregación allí. Casi todos ellos/ellas pudieron establecer nuevos grupos, y algunos llegaron incluso a establecer congregaciones en un plazo de dos años. Después de haber demostrado que tenían los dones, las habilidades y la pasión para hacer discípulos de Jesucristo, entonces es que comenzaban el proceso de candidatura al ministerio. Algunas de esas personas hoy son Superintendentes y pastores de iglesias grandes en Cuba. ¡Gracias a Dios por sus vidas!
  6. La gracia de Dios debe ser extendida a todas las personas: Después de 30 años de Revolución, la Unión Soviética desapareció repentinamente. Esto tuvo un gran impacto en la vida de los cubanos, tanto emocional como económicamente. La economía cubana había sido subsidiada por años por la Unión Soviética y todos los países comunistas de Europa oriental. Pero en 1991 ocurrió lo impensable – la nación modelo entre todos los países comunistas de pronto ya no existía más, se desvaneció totalmente. A causa de esto, las condiciones de vida del pueblo cubano empeoraron dramáticamente, a lo que fue llamado como el “Período Especial”. Pastores/as cristianos/as en Cuba comenzamos a recibir de vuelta a antiguos miembros de las iglesias que habían renunciado al cristianismo para seguir a la Revolución, habían negado su fe por temor a represalias, o militantes del Partido Comunista que simplemente estaban frustrados y se sentían desencantados. Rápidamente tuvimos que adaptarnos a este desafío – no era tiempo de revanchas. Era un tiempo para ofrecer la gracia de Dios para todos/todas los que estaban dispuestos/as a recibirla, aún a aquellos que nos habían perseguido. Los sistemas políticos tienen a “su gente”, los que los apoyan y los que se oponen a ellos, los que se ubican a sí mismos en un extremo o en el otro con relación a sus opiniones o persuasiones políticas. El Reino de Dios y sus valores han sido establecidos para ser ofrecidos a todos los seres humanos, cualesquiera sean sus posiciones políticas. Recuerdo vívidamente a personas que llegaban a mi oficina durante los años 1992 a 1995 diciendo: “Yo soy militante del Partido Comunista. ¿Se me permite visitar la Iglesia?”, o “Tengo que entregar mi carnet del Partido para ser cristiano?”. ¡Estoy seguro que algunos de ellos me estaban poniendo a prueba para ver qué yo decía! Pero la respuesta que les dábamos era: “Si Ud. quiere conocer a Cristo, aprender más de Él y de sus enseñanzas, y quiere seguirle a Él, entonces Ud. es bienvenido/a aquí, no importa cuál sea su afiliación política”. ¡La gracia de Dios debe ser extendida a todos los seres humanos!

Durante los días que siguieron al anuncio de la muerte de Fidel Castro, algunos amigos/amigas se acercaron a mi preguntando: “Estás contento con esto? ¿Estás celebrando su muerte?”. Bueno, no. No estoy feliz, especialmente porque nada va a cambiar para el pueblo cubano. Y no hay nada que celebrar. ¡Hay tantas historias espetando para ser contadas! Algunos se han regocijado, otros lloran. ¡Algunos tienen terribles historias que compartir sobre la pérdida de seres queridos, o la pérdida de propiedades o riqueza que fue acumulada a través de generaciones que trabajaron muy duro para conseguirla! Algunos lloran porque sienten que recibieron algo que no tenían, o simplemente porque no han conocido algo diferente a su realidad.

En cuanto a nosotros, antengámonos enfocados en la misión de Dios, tanto en Cuba como aquí, en los Estados Unidos de América. Actuemos en forma diferente que la de aquellos que se ubican en los extremos. Hablemos de manera diferente. Seamos más como Cristo. Y ofrezcamos libremente la gracia de Dios a todos los seres humanos en la conciencia de que somos hijos/hijas de Dios y personas de valor divino.

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