La Cruz

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Lea: 1 Corintios 1:18-25
 
Introducción

La Cuaresma nos invita a recordar el costo de nuestra salvación. La Cuaresma nos prepara para entender la inmensidad del amor y gracia de Dios. Nos lleva de la mano a través de la última semana de la vida de Jesús, su pasión, muerte y resurrección. Los creyentes conocemos el final de la historia de la Semana Santa. Sabemos que la victoria fue para la palabra encarnada, la palabra viva que vivifica el alma. Los eventos fueron crueles pero Cristo fue glorificado y exaltado, por sus llagas fuimos sanados. La Cuaresma, la cruz, la gracia.
Lo único que necesitamos es a Cristo en nuestras vidas.
La cruz
La palabra “cruz” no se encuentra en el Antiguo Testamento. No aparece en toda la Biblia Hebrea. ¿Cómo es posible? ¡Porque se trata de Dios y no de nosotros! ¡Fue Dios, en su inmenso amor y gracia! ¡Imagínese: Dios deja morir a su Hijo en una cruz! ¡Qué locura! ¡La mente humana no lo puede entender! Hay quienes han llegado al punto de llamarla “la cruenta cruz” porque, ciertamente, fue una tortura cruel. Especialmente para un hombre como Jesús: manso, sublime, cortés, amable, apacible.
 
Ninguna palabra ha venido a ser más conocida universalmente que la palabra “cruz”. El término griego es stauros y el latín es crux. Ambas apuntan a una viga vertical. Además, pueden referirse a la viga utilizada como instrumento de castigo y ejecución. Este instrumento fue inventado posiblemente por los persas o fenicios, lo usaron los griegos y cartagineses, y sobre todo los romanos.
 
En el Antiguo Testamento, las ejecuciones se llevaban a cabo por apedreamiento. Sin embargo, ocasionalmente se colgaban cadáveres en los árboles como advertencia (Dt. 21:22–23; Jos. 10:26). Dichos cadáveres se consideraban malditos (cf. Gál. 3:13), y tenían que enterrarse antes de la caída de la noche. Esta práctica explica la referencia neotestamentaria a la cruz de Cristo como un “madero” (Hch. 5:30; 10:39; 13:29; 1 P. 2:24), símbolo de humillación.

A pesar de todo, la cruz representa la acción que demuestra más claramente la gracia de Dios. ¿Cuál es la palabra que resume la acción de Dios sobre los que se arrepienten y creen en el Evangelio? Las Buenas Nuevas de Dios anuncian que Jesucristo murió en la cruz. La intención de Dios no es la condenación o el infierno. No es la ley, estatutos, mandamientos o rituales. La última Palabra de Dios habla de la gracia de Dios y de su amor gratuito e incondicional. Amor permanente para los que se arrepienten y creen en el sacrificio de Cristo en la cruz. Para muchos, esta palabra es locura y tropezadero, pero, para los que creen es poder de Dios.
 
La cruz y la gracia
Las palabras “cruz” y “gracia” son palabras teológicas que han perdurado. Son palabras del carácter de Dios. La gracia de Dios nos recuerda que las cosas buenas no vienen por nuestros propios esfuerzos sino por la gracia de Dios. La palabra de la cruz ha perdurado para recordarnos que no fue por nuestros méritos que fuimos hechos salvos, sino por La Palabra de Dios. ¡Imagínese: el Hijo de Dios muriendo en una cruz para darnos perdón, vida eterna y paz; en un mundo corrompido por el pecado, contaminado con la pestilencia de la muerte y alborotado con la borrachera de vicios y violencia! Nuestro Dios es un Dios de gracia.

La palabra de la cruz es importantísima. Fíjese que toda la historia del mundo, después de la muerte de Jesús en una cruz, ha sido medida por la distancia entre este evento, antes y después. El contenido principal del cristianismo y de la práctica de la fe cristiana se encuentra en esta única palabra: la cruz.

Lo único que necesitamos es a Cristo en nuestras vidas, lo demás será añadido por Dios. Dios es como poderoso guerrero que pelea por nosotros y nos ayuda a derribar a los gigantes que se levantan contra nosotros.
Llamado

¿Qué significa hablar de la palabra de la cruz en nuestras vidas? Significa que cuando nos acusen injustamente, no respondamos de igual manera; significa que cuando tengamos razón para odiar, escojamos amar; significa que cuando nos hieran, no nos venguemos; significa que cuando se levanten tormentas en nuestras vidas, confiemos en el Señor y estemos en paz; significa que cuando tengamos razones para desquitarnos, escojamos perdonar; significa que cuando vengan enfermedades a nuestras vidas, estemos confiados en el Señor de la Vida; significa que creamos a Dios cuando dice que “todo obra para el bien de los que le aman”; significa que aunque todo parezca que va mal, podamos confiar que Dios todo lo puede arreglar; significa que cuando yo no puedo, Cristo en mí, sí puede; significa que aunque mi mente me diga que no es posible, yo pueda decir en mi mente: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”; significa que cuando me toca trabajar para el Señor, aunque no tenga “tiempo”, allí estaré disponible y dispuesto para el Señor de la Viña.


Rdo. Dr. Juan G. Feliciano, Director Hispano de Excelencia Congregacional y Desarrollo de Nuevas Iglesias, Conferencia Anual de Florida.


Publicado en El Intérprete, marzo-abril, 2012
 


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