Desempacando Nuestras Maletas

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Cada uno(a) de nosotros(as) ha recibido un plan maravilloso de Dios para nuestras vidas y es nuestra responsabilidad descubrirlo y realizarlo.  Cada uno(a) de nosotros(as) debe encontrar nuestro lugar en su casa, en su plan.  La imagen de la maleta y el proceso de desempacarla es muy similar al proceso de aprendizaje.  Los griegos tenían dos conceptos para describir el aprendizaje: “educere” y “educare.”  A través de uno de estos dos procesos, se adquiere conocimientos.  A través del otro, se desarrollan conocimientos.  

A mí me gusta el concepto de desarrollo.  Me gusta la imagen que representa.  Me agrada.  El concepto “desarrollo” contiene en sí ese proceso de “des-enrollar” algo que se encuentra “enrollado.”  La imagen del proceso de abrir los “rollos” de la Escritura Sagrada me apasiona.   En la educación judía (sinagoga), el rabino toma el rollo y lo abre (lo desenrolla), lo lee y lo estudia.  Jesús practicó este proceder {“Fue a Nazaret, donde se había criado, y conforme a su costumbre, el día sábado entró en la sinagoga, y se levantó para leer.  Se le entregó el rollo del profeta Isaías; y cuando abrió el rollo, encontró el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y para proclamar el año agradable del Señor.  Después de enrollar el libro y devolverlo al ayudante, se sentó.  Y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.  Entonces comenzó a decirles: —Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos.” (Lucas 4:16-21, Reina Valera 1989.)} Su propósito era sacar de la Escritura Sagrada, aquel mensaje que estaba “oculto” o enrollado dentro del texto sagrado.  Este es un proceso de desarrollo (es decir, "desenrollar lo que esta enrollado.") 
 

El(la) maestro(a) propicia, facilita, motiva a que sus alumnos capturen, aprendan y “desarrollen” los conocimientos, conceptos, estructuras, etcétera, del mensaje divino.  En este proceso se adviene al conocimiento de “la palabra de DIOS,” palabra que trae vida y fe para el camino, liberación y transformación al cautivo.   En Grecia, y a partir de la cultura que se propagó por todo el mundo, el concepto de aprender se entendía en dos vertientes.  Por un lado, “educere,” o “aprender” (o, como decíamos en el pasado, “aprehender” o “adquirir”) y, por el otro, “educare” o desarrollar conocimientos (es decir, desarrollar estructuras cognitivas y afectivas.)  Son dos dimensiones de un mismo proceso, aprendizaje.  En esta relación dinámica ocurren, simultáneamente, dos pasos: se aprende o “adquiere” (de afuera hacia adentro) y se desarrolla (de adentro hacia fuera.)  A este proceso se le denomina aprendizaje o “aprender.”
 

El ser humano interactúa con su entorno social y recibe experiencias y percepciones que tiene que interpretar y, eventualmente, si le van a servir, el ser humano las necesita aprender ("de-construir" y "re-construir.")  Por otro lado, el ser humano no es un ser pasivo, esperando “recibir,” sino que su relación con el entorno social es una de tipo interactiva, en donde el ser humano se proyecta, interactúa con su entorno buscando explicaciones, respuestas y preguntas nuevas para desarrollar nuevos conocimientos que le permitan dominar su ambiente.  Hoy le llamamos a este proceso “constructivismo,” ya que el ser humano tiene que de-construir lo aprendido, para construir nuevos conocimientos.
 

Howard Gardner, en su elocuente teoría de las inteligencias múltiples, sostiene que el ser humano desarrolla distintas maneras de aprender.  Su hipótesis fundamental es que el ser humano busca aprender de la manera que le resulta más cómoda a su inteligencia dominante.   En otras palabras, el ser humano busca desarrollar su intelecto en relación con aquello que le es interno, conocido.  Por eso, podríamos concluir que el ser humano desarrolla algo que está “dentro” de sí y que necesita educar, aprender, desarrollar.
 

En la metáfora de la maleta y el equipaje, diríamos que al ser humano le es indispensable encontrar la llave, abrir y desempacar el equipaje que Dios puso en su maleta.  A mí me tomó mucho tiempo lograr este desarrollo, este aprendizaje.  No se puede tomar livianamente.  Pero tampoco se puede “vivir,” o tener vida, si no se descubre (que equivale a quitarle las cubiertas a algo que está oculto en uno.)  A veces es necesario despojarse de los mantos y capas que nos “protegen” o que nos impiden descubrir nuestras realidades y posibilidades, nuestro verdadero equipaje.  Algo similar hizo el ciego Bartimeo en la narrativa de Marcos: “Él entonces,  arrojando su capa,  se levantó y vino a Jesús.” (Marcos 10:50, R-V, 1995.)
 

Por eso, pregunto: ¿Qué hemos aprendido y cómo lo hemos aprendido?  ¿Qué habíamos hecho en nuestra niñez, juventud y vida adulta que le ha dado sentido, pertinencia y satisfacción a nuestra vida?
 

La educación primaria y secundaria nos ayudó a desarrollar unos conocimientos que inspiraron una búsqueda por el significado de nuestra existencia.  Una misión, una vocación, un propósito en la vida.  La de Dios.    Tomaría mucho tiempo alcanzarla; la buscamos en el deporte, en la música, en el licor, en la fiesta, en los estudios, en la política, en la educación superior, en la enseñanza.  Pero, no estaba ahí.  No estaba en ninguna de estas actividades. Para algunos(as), tendríamos que pasar por una crisis existencial para poder encontrarnos con nosotros(as) mismos(as).  Teníamos que encontrar “La Llave” para poder abrir nuestra maleta.  Quizás estábamos viviendo con el equipaje equivocado por mucho tiempo.  Nos habíamos confundido de maleta.  Pero, la gracia de Dios es tan maravillosa, que nos permitió tener un encuentro con Jesucristo, “La Llave” que abre La Puerta.  Entonces, encontramos nuestra maleta, con nuestro equipaje intacto, esperando que lo desempacáramos.
 

Aprender a llegar hasta aquí no ha sido fácil.  Largas horas, días, noches de soledad y angustia.  Decisiones erradas y confusiones.  Proyectos comenzados y nunca completados.  Agendas inconclusas y pérdidas irreparables.  Todo esto fue el resultado de tratar de caminar con el equipaje equivocado, ajeno.  Hasta que Cristo llegó a nuestro ser y lo transformó, le dio el sentido original, divino.  El Maestro nos ayudó a encontrar nuestro punto óptimo.  Nos ayudó a re-encontrarnos con Su misión; con el propósito de Dios para nuestra vida; con la misión que Dios tenía asignada a nuestras vidas. 
 

Entonces descubrimos y aprendimos que fuimos creados(as) para adorar a Dios.  Creados(as) para servir.  Creados(as) para aprender a animar a los demás.  Entonces comenzó el proceso de desarrollar un corazón ardiente disponible y educado para aprender a animar a los demás.  De eso trata, de cómo aprender a encontrar nuestra maleta y desempacarla para aprender a ser el suave aroma de Cristo para los demás.  Eso es parte de la escuela de la humildad. 



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